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Cuando confundimos el mapa con el territorio: coaching y psicología bajo la lupa

Cuando confundimos el mapa con el territorio: coaching y psicología bajo la lupa
Aclarar, desde una mirada ética y ontológica, las diferencias y complementariedades entre coaching ontológico y psicología, evitando confusiones, prejuicios y malas praxis, y promoviendo un acompañamiento humano responsable y consciente. Diferenciar con claridad el coaching ontológico y la psicología como disciplinas distintas pero complementarias, visibilizando sus límites, alcances y responsabilidades, y fomentando una conversación madura, respetuosa y ética sobre el…
Aclarar, desde una mirada ética y ontológica, las diferencias y complementariedades entre coaching ontológico y psicología, evitando confusiones, prejuicios y malas praxis, y promoviendo un acompañamiento humano responsable y consciente. Diferenciar con claridad el coaching ontológico y la psicología como disciplinas distintas pero complementarias, visibilizando sus límites, alcances y responsabilidades, y fomentando una conversación madura, respetuosa y ética sobre el…
Cuando confundimos el mapa con el territorio: coaching y psicología bajo la lupa

Era una comida informal entre amigos. De esas en las que uno baja la guardia y las conversaciones saltan de lo trivial a lo profundo con naturalidad. En la mesa, entre risas y tapas, alguien mencionó que estaba haciendo un proceso de coaching. "Ah, pero eso es como terapia barata, ¿no?", soltó un amigo psicólogo, medio en broma, medio en serio. Hubo un silencio breve, apenas perceptible, pero suficiente para que algo en mí se activara.

No era la primera vez que escuchaba una frase así. Y cada vez que aparecía, sentía la tensión que genera la confusión entre disciplinas, los prejuicios que nacen del desconocimiento y la urgencia de clarificar lo que no son equivalentes, aunque compartan ciertas formas o herramientas.

Porque no, el coaching no es terapia barata. Ni buena, ni mala. Es otra cosa. Es otro mapa. Otro camino.

Dibujar el mapa: qué es el coaching ontológico y qué no es

El coaching ontológico es una disciplina de acompañamiento que trabaja desde la conversación para expandir la capacidad de acción, la conciencia del lenguaje, la escucha de uno mismo y del mundo, y la observación de las propias emociones y corporalidades.

No diagnostica. No cura. No interpreta historias desde modelos clínicos. Y, sobre todo, no reemplaza procesos terapéuticos.

Entonces, ¿por qué se confunde tan a menudo con la psicología? Quizá porque ambos espacios pueden parecer similares desde fuera: alguien que escucha, que formula preguntas, que acompaña. Pero la intención, el marco y el destino de cada proceso son profundamente distintos.

Donde la psicología puede buscar comprender y sanar aspectos del pasado o de la estructura interna de la persona, el coaching ontológico se centra en la acción presente y en la posibilidad futura. Mientras la psicología indaga desde la clínica, el coaching observa desde el lenguaje, la corporalidad y las emociones, con una mirada generativa.

La confusión es fácil cuando se mira rápido. Pero como en los mapas, si uno se detiene, aparecen los detalles.

El valor de las fronteras: por qué diferenciar no es dividir

Las fronteras no siempre son límites excluyentes. A veces, son espacios de encuentro. De respeto. De reconocimiento de la diferencia.

Decir que coaching y psicología no son lo mismo no es desacreditar a ninguna. Es, por el contrario, una forma de dignificar a ambas. Reconocer sus ámbitos, sus lógicas, sus éticas y sus alcances.

El problema comienza cuando se cruzan esas fronteras sin conciencia. Cuando alguien ofrece coaching para tratar una depresión. O cuando se descalifica el coaching porque no se ajusta a los marcos clínicos tradicionales.

Yo he visto psicólogos que se oponen a que personas no formadas en su disciplina ejerzan como coaches. Lo entiendo. Hay una preocupación legítima por el intrusismo, por la salud de las personas, por los posibles daños.

Pero también he visto muchas de esas críticas nacer del desconocimiento. De no saber realmente en qué consiste el coaching, cómo se forma un coach, cuáles son sus límites, su ética, su propósito.

Cartografías éticas: sobre formación y responsabilidad

Ya escribí hace tiempo que [certificarse como coach no es un mero trámite. Es una forma de cuidar](https://www.linkedin.com/pulse/certificarse-es-un-tr%C3%A1mite-una-forma-de-cuidar-figueroa-molina-dr9ff/?trackingId=oy79w4q2Qx234JWkaVIquQ%3D%3D). De cuidar el oficio, a la persona que se acompaña y al propio proceso.

Ofrecer coaching sin formación rigurosa, sin supervisión, sin códigos éticos claros, es peligroso. Tan peligroso como ofrecer terapia sin ser psicólogo. En ambos casos, se juega con la vulnerabilidad de quienes buscan apoyo.

Por eso, cuando escucho a colegas psicólogos levantar la voz contra el coaching, entiendo que lo hacen también contra esas malas praxis. Y coincido. Las denuncio igual. No todo lo que se llama coaching lo es. No todo el que se llama coach está preparado.

Pero el coaching bien ejercido, con formación sólida, ética profesional y respeto por los límites, no es amenaza ni competencia. Es complemento.

El observador que somos: desde dónde miramos al otro

Hay una pregunta que me está acompañando desde que me inicié mi formación como coach ontológico: ¿Desde qué observador estoy mirando esto?

Esa pregunta, cuando se aplica a los juicios entre disciplinas, revela mucho. Si miro el coaching desde la clínica, probablemente lo veré como insuficiente. Si miro la psicología desde la acción inmediata, quizá me impaciente.

Pero cuando cada disciplina se reconoce desde su intención, su historia y su ámbito, algo cambia. Aparece el respeto. La posibilidad de diálogo. La colaboración.

He visto procesos donde el coaching ayudó a sostener una conversación pendiente, a tomar una decisión bloqueada y a reconocer una emoción negada. Y sé que muchos de esos procesos también se enriquecieron cuando la persona estaba en terapia, porque el trabajo profundo que allí se hacía nutría también la acción.

Lo que no se nombra, se confunde

Necesitamos hablar más de esto. Nombrarlo. Diferenciar. Educar. No para marcar jerarquías, sino para cuidar los procesos de las personas.

Confundir coaching con psicología es como usar un destornillador para clavar un clavo. Puede que funcione, pero no es lo suyo. Y puede que incluso dañe.

En cambio, cuando se usa la herramienta adecuada para cada necesidad, lo que se construye es sólido. Con sentido. Seguro.

Preguntas que abren caminos

¿Qué pasa si empezamos a preguntarnos desde la humildad qué aporta cada disciplina?

¿Y si en lugar de competir, creamos puentes?

¿Y si formarse bien, acompañar con ética y respetar los límites fuera el punto de encuentro?

¿Y si dejamos de confundir el mapa con el territorio, y nos permitimos recorrer ambos con curiosidad y respeto?

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